10 de febrero de 2009

Nuevas postales de la industria cultural

"Déjamelo a mi, encontraré un camino para ser
considerame un satelite orbitando por siempre
conocí las reglas pero ellas no me conocieron a mi,
garantizado"

Eddie Vedder. Guaranteed. Soundtrack "Into The Wild"

Basada en un hecho real y bajo la dirección de Sean Penn, Into The Wild es una de las recientes producciones cinematográficas que introduce algunos elementos críticos hacia el modo de vida del mundo posmoderno, un modo de vida que quizás haya consumado su vuelco al costumbrismo y a una tal vez nunca ausente idea de alienación tecnológica. Into the Wild cuenta, sencillamente, la historia de Christopher McCandless, un adolescente que, cansado de la vida estructuradamente lujosa que lleva con su familia, decide irse de su casa para encontrarse consigo mismo en una aventura que transcurrirá, de manera casi carnal, entre él y la naturaleza. Est abúsqueda implicará la anulación total de su pasado, su identidad (cambiando incluso su nombre al de Alexander Supertramp) y de todo vínculo social: se trata de una búsqueda interior por fuera de las aristas del capitalismo, únicamente apoyado por la soledad.
Durante el transcurso de la película, nos damos cuenta que esa existencia personificada en Alex a través de la soledad y la vida con la naturaleza es el resultado de un conflicto familiar, pero aquí la problemática convivencia de los padres y los hijos es el aliento de una decisión existencial extrema: para alcanzar la sabiduría y reconocerse a sí mismo como hombre vivo, Alex llega a comprender, sin arrepentimiento, el valor del perdón. Un valor que a pesar de su comprensión, no lo detiene en su búsqueda, porque tampoco significa una vuelta atrás: el pasado, a fin de cuentas, ya no es un tema de reparo personal. No importa regresar, ni el dinero ganado o perdido, ni las relaciones conseguidas antes y después del viaje. Hasta el momento de su muerte en Alaska (que era el punto de llegada definido), Alex se convierte en un legado, e incluso en una discusión difuntamente viva: ¿Realmente podemos encontrar nuestra propia verdad a través de la naturaleza?.
Desde el vamos, es una cuestión complicadamente sencilla. Los polos opuestos de Into The Wild son el capitalismo y sus derivadas frivolidades, contra el aislamiento absoluto de la naturaleza, y para mostrar una posible vida fuera del primer extremo, es necesario verla a través del otro. Los supermercados en grandes cadenas comerciales contra la caza salvaje de un alce al que Chris/Alex debe descuartizar y aprender a conservar para hacerla comestible en una fogata nocturna, intento frustrado por la propia inexperiencia, o la comodidad de la ropa y los lujos que uno desearía contra la desnudez del campo, de los animales, y de uno mismo. Como estos ejemplos hay muchísimos, pero es aquí cuando aparece la industria cultural.
La película se separa en tres estadíos cruciales que dibujan el aprendizaje del protagonista: la niñez, la adolescencia y la madurez en la módica cifra de dos años de viaje. Dos años de abandonos y encuentros, de golpes, caídas y resurgimientos, de personas de antes y de ahora, pero nunca de un después. Aún en el constante aprendizaje de la vida, por fuera del capitalismo y sus relaciones frías, tendientes al vacío, con más paredes levantadas que puentes construídos, se nos plantea un destino cruel que no podremos vivir para contarlo, porque este es el legado de Alex al llegar el momento de su muerte, solo y aislado en Alaska, dentro de su autobús mágico y totalmente alejado de los valores de la sociedad posmoderna.
Otro de los grandes ejemplos es el de los lazos sociales. En su viaje, Alex, conoce a un matrimonio que hasta se ofrece a adoptarlo, con el cual comparte un tiempo prolongado de su aventura. La idea del compartir la vida con nuevas personas (un agricultor que disfruta su trabajo, una jóven menor de edad que solo tiene su voz, sus ojos y su guitarra, un anciano que se alejó de su pasado) hacen a esos trozos de vida que quedan en la historia por el valor auténtico de la ayuda, al integrarse a un grupo de personas que sueñan con lo poco que tienen y que no piden más porque no lo necesitan. Son relaciones que no precisan intermediarios (los que en el escenario del capitalismo pueden ser el alcohol, la tecnología, el poder económico, y la brutalidad del pensamiento y el músculo) y esto es algo totalmente opuesto a los paisajes actuales de las relaciones mismas: muchos aspectos basados en el poder del dinero y la tecnología como una excusa de la conexión permanente con los otros, en una ilusión que se diluye frente a la persona real y natural que tenemos frente a nuestros ojos. Es paradójico, porque aquí se trata de conocer al otro por lo que no es o por lo que parece ser, y no por lo que es. Pero una vez llegado a Alaska, dejando atrás todo lo conseguido, Alex comprende lo que ha estado buscando. Y nuevamente la discusión opuesta se adueña intrínsecamente de los posibles mensajes : naturaleza (lo real) vs capitalismo (lo aparente)

Estas son las ideas sobre las contradicciones del capitalismo y su influencia en las relaciones, poniéndolo quizás como un victimario cuyo portavoz es la industria cultural, apropiándose esta vez de un extremo absoluto para justificarse. Sería bueno también pensarlo desde el discurso de la crisis (ver entrada en laputaqueloparió) como un momento de oportunidades de aprendizaje, ya que en este caso, la única lección posible es llevada hasta la muerte.
Así, el juego de los opuestos extremos de Into The Wild, en conjunto con la industria cultural es ese: quizás la verdad interior del ser humano pueda ser hallada a través de la naturaleza y sus autolecciones, pero la opción de la costumbre parece ser más fuerte, aún con sus atractivas desventajas, como si se tratase de un juego de opuestos que simplemente se atraen.